[ABSTRACT]

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Desde un punto de vista antropológico, hay condiciones materiales que atraviesan nuestra vida. El género, la clase, la orientación o el origen natal determinan en gran medida nuestra forma de entender el mundo. Todas estas condiciones las asumimos transversalmente, llegando a ser determinantes en nuestras formas de socialización. Y de la misma manera en que somos, avanzamos con herramientas que nos permiten desarrollar precisamente esas formas de socialización; así podríamos definir la tecnología sin desconectarla de lo social. Entre tanto, el Poder siempre ha subordinado todas estas condiciones y las ha combinado de manera exacta para poder seguir perpetuándose a sí mismo, generando que por esas mismas condiciones haya quienes paguen las consecuencias en clave de desigualdad.

En esas tensiones entre lo público y lo privado, lo común y lo individual, se originan las luchas sociales que a día de hoy conocemos, y movimientos asamblearios que tratan de subvertir, o en cualquier caso recuperar, la mirada que en algún momento les fue negada. De maneras muy sutiles, esas desigualdades sociales se nos cuelan también en las tecnologías: falta de representación de cuerpos en imágenes generadas por lógica computacional, algoritmos presuntamente racistas, márgenes de error en el género a través del reconocimiento facial, etc. Estas miradas de poder abarcan todas las etiquetas que el dispositivo/cámara-código/ nos asigna al vernos, que no deja de ser algo construido socialmente. En medio de este escenario tecnológico, las mal llamadas nuevas tecnologías generan el rechazo por parte de los que todavía luchan por causas históricas, precisamente por el falso relato construido alrededor de las tecnologías que nos sugieren que el uso de las mismas es, o debe ser, algo relegado a perfiles calculadores, técnicos, urbanitas o modernos.

Es urgente comprender las tecnologías como un eje transversal más a contemplar en nuestras vidas, en conectar con ellas para comprender la articulación de las desigualdades de una forma más completa en un escenario hipervisual, hiperdigital y supervigilado como el actual. Es urgente acercar la crítica tecnológica a organizaciones asamblearias para habilitar el empoderamiento de la herramienta a través de un discurso, deconstruir la fantasía del hacker y repensar el modus operandi de la activista actual.